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23/8/2017 Editado por Raúl Racedo

31/08/2016

La vida sin rumbo: el drama de las refugiadas

Amira lo dejó todo para encontrar un refugio donde sus hijos pudieran vivir protegidos. Es una mujer kurda de 38 años que vivía en Siria con su familia y que emprendió un viaje peligroso e incierto. Su casa y el negocio familiar (una pastelería) hoy son escombros. Ahora se siente a salvo en un campo de refugiados turco, a pesar de las terribles condiciones del campamento, el olor, las ratas y el imborrable recuerdo del horror.

Hace ya más de seis meses que salió con sus tres hijos de Kobani (en el norte de Siria), uno de los lugares más atacados por el Estado Islámico. De allí era la familia de Aylan Kurdi, el bebé que fue hallado muerto en una playa y cuya foto apareció en medios de comunicación de todo el mundo. "En Octubre de 2014, después de cuatro semanas de cruel asedio, los yihadistas del Estado Islámico pusieron su bandera en el centro de la ciudad; llevábamos más de dos años padeciendo la guerra civil que destruye Siria, pero aquello hizo que millares de personas tuviéramos que huir", relata Amira. Kobani es una de las tres zonas kurdas en la frontera de Siria con Turquía. "No teníamos comida ni medicinas; únicamente comíamos pan, y no todos los días", continúa. Para añadir a continuación: "Sufríamos ataques terroristas. Vivíamos en un lugar totalmente destruido, primero por las batallas entre yihadistas y kurdos, después por los bombardeos para castigar a los invasores. Imposible seguir allí; era el infierno". Experto en Diplomacia y Resolución de Conflictos de la Universidad George Mason (EEUU), Nousha Kabawat ha recorrido los campos de refugiados en Turquía. "Los niños están profundamente traumatizados y muchos se han quedado solos, pero juegan y ríen a pesar de todo; no se sabe cómo les afectará en el futuro la tragedia que han vivido", explica.

 

 


El número real de refugiados en Turquía y Grecia es mayor de lo que creemos. La ONU estima que alrededor de cuatro millones de sirios han huido de su país, pero muchos desplazados (que no son solamente sirios) no están registrados. A la región turca de Halay, por ejemplo, llegan ilegalmente personas de ciudades como Damasco, Alepo y Homs, además de iraquíes, y estos refugiados no siempre son tenidos en cuenta por la ONU. Además, no todos acaban en campamentos (unos más vigilados y controlados que otros, algunos bien organizados, pero en cualquier caso inadecuados). Los niños representan más de la mitad de la población desplazada. Muchos no han ido a la escuela en los últimos dos o tres años, y son pocos los que cuentan con material escolar. Algunos se abrazan a voluntarios o periodistas y piden llorando que los llevemos a nuestras casas.Amira sueña "con vivir en Canadá, Suecia o Alemania, donde ya se han instalado refugiados de Kobani". Dos de sus hijos están con ella (uno de ellos un bebé que nació cuando llevaba un par de meses en el campamento). La hija mayor, Yara -de 17 años-, ha logrado entrar en Grecia. Su padre ha muerto. Yara consiguió alcanzar la costa griega en una deteriorada balsa -con un familiar y otros 40 desplazados de Siria, Iraq y Afganistán- tras pagar 3.000 euros a la mafia.

 

 

Está viviendo en un viejo almacén del Puerto del Pireo, en Atenas.Hay más de 2.500 personas habitando dentro de contenedores en Skaramagas, a dos pasos del puerto ateniense. Es como vivir en un horno, ya que en verano se superan los 45ºC. Centenares permanecen acampados en el puerto. La mayoría de los 9.000 refugiados que llegaron a Idomeni, en la frontera con Macedonia, y los que montaron un campamento junto a una gasolinera de Polikastro están siendo reagrupados en campos de refugiados donde ni siquiera se dan las condiciones necesarias para que vivan dignamente los que ya están allí. Y a diario llegan más a las islas griegas de Lesbos o Samos. Quienes recibieron la noticia del cierre de las fronteras con Macedonia y Albania cuando estaban cerca de Tsepelovo, un pueblo griego de la región Zagoria, pueden considerarse afortunados. En un edificio que fue orfanato y sirvió de albergue a quienes huían de la Guerra de los Balcanes hay ahora 144 refugiados procedentes de Siria, entre ellos varios palestinos que han vivido el exilio dos veces porque primero huyeron de Palestina.

 

 

La mayoría son mujeres y niños menores de 12 años. Está custodiado por el ejército (jóvenes que hacen el servicio militar y juegan con los más pequeños). Georgia, una profesora griega jubilada, se ocupa de buscar atención médica para los enfermos y llevar comida, ropa, mantas... La conocen bien los bomberos de la ONG Aire y los voluntarios de la organización Olvidados, que intentan aliviar el sufrimiento de los refugiados y la ayudan a almacenar alimentos, calzado y juguetes en el gimnasio de un colegio cercano a su casa. Al frente de Olvidados, Inmaculada del Prado y Olga San Martín atesoran historias y experiencias. Ellas, que organizan en Madrid recogidas de productos básicos (desde pañales, biberones y papillas infantiles hasta zapatillas, camisetas, jabón, conservas o té) y los distribuyen por campos de refugiados, ya son la memoria de Katsikas, el campamento donde tienen su cuartel general. Allí vive Ahmed, un adolescente de 15 años que relata, en un inglés perfecto, el viaje de su familia hasta Grecia. Bombardearon su instituto y su barrio. Nos habla de la guerra, del terror: "Mataron a mi mejor amigo. Salí de Siria con mis padres y mis cinco hermanos. Llegamos a Turquía y unos mafiosos, que se quedaron con todo nuestro dinero, nos trasladaron hasta Grecia en una barca de seis metros, con muchas personas más, durante una noche de tormenta".

 

 

El chico aprende a cocinar con un chef de Alepo en la cocina del campo y ayuda con las traducciones del árabe al inglés.Distintas organizaciones internacionales han llevado un informe al Parlamento Europeo y se han quejado de la dramática situación de las mujeres y niños desplazados. Una de las organizaciones, Womens Link Worlwide, ha denunciado delitos contra la libertad sexual, desaparición de menores, vulnerabilidad frente a las redes de tráfico de seres humanos, abusos, violencia, corrupción por parte de cuerpos de seguridad y funcionarios turcos, exigencia de dinero a cambio de protección, violaciones en grupo, abortos forzados, partos de alto riesgo, falta de medios para evitar enfermedades de transmisión sexual... Viviana Waisman, su presidenta, considera que la UE "permite que se vulneren los Derechos Humanos al no evitar la situación atroz de la mayoría de los migrantes ni ofrecerles protección suficiente". Su organización documentó esa situación en dos misiones a Grecia y Turquía. Es la primera vez que se presenta en el Parlamento Europeo una queja relacionada con los derechos de los desplazados prestando especial atención a mujeres y menores.Refugiados que no encuentran refugio. Bebés naciendo en tiendas de campaña, sobre piedras y barro. Grupos deambulando por las carreteras, caminando hacia ninguna parte. Niños jugando de noche junto a las autopistas, en riesgo de ser atropellados... Cuando nos acercamos a ellos, corren hacia nosotros gritando "¡Hello, my friend!".

 

Paloma Aznar (el mundo. es)

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